Para llamarlo al segundo recuerdo y nunca olvido.
Mi infancia en la casa grande de la abuela donde todo el mundo cabe,
O del abrazo de mis padres que ya me llaman hija ausente,
De las montañas, del caos, de la bulla, de ese infierno dantesco…
era la ciudad de todos los poetas, y mi ingenuidad, que aún me acompaña,
siempre ha sido la brújula de mis días. Ella me trajo hasta aquí.
Me hizo valiente pero también crédula
y por, sobre todo, yo digo soñadora, pero otros dirían…más bien ilusa.
Tiene el mismo valor que lo que viví hace diez años,
Si seré capaz de afrontar el peso de dejar ir lo ya ido,
Si podré hablar sólo conjugando mi presente.
Que escoge siempre lo desconocido,
Que sueña con ser viajera, extraña entre extraños.
Pero también abrazo esta calma que siento,
Que llevo persiguiendo por años.