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Vincent Van Gogh- À la porte de l'éternité |
Una piel que es dos
y hasta cinco
se fue flaqueando
en el tiempo.
Que siendo lisa se enredo
en el paso de los días,
ahora es testigo de que las angustias
del alma las refleja el cuerpo.
Una boca que todavía resta dicha
se olvida de las palabras
y habla solo en el lenguaje
de la nostalgia.
Que dijo amo y temo,
odio y sueño
ahora descansa en el recuerdo
porque ya sin fuerza
el gallo deja de cantar en la mañana.
Y así como estamos hechos de uno
también somos dos y los ojos
se miran al espejo sin entender cómo
un rostro se vuelve tan viejo.
Que ahora ven siempre al pasado
en el presente se sienten en casa de extraños,
se mueven sin reconocer amparo
y el río se convierte en llanto.
Las piernas que nadaron y corrieron
se mantienen quietas y todos
los pasos que avanzaron desean
ir retrocediendo y ser niños de nuevo.
Que extenuadas flaquean ante
la puerta del forastero,
lloran por los caminos que conocieron
y ya no pisaran, de los que quedarán sin labrar.
Ya no queda más que un cuerpo
que me miró y me dijo amor.
Ya no queda sino el recuerdo porque
tan rápido como se mueve el viento
se pasa de vida a cenizas.
el gallo deja de cantar en la mañana.
Y así como estamos hechos de uno
también somos dos y los ojos
se miran al espejo sin entender cómo
un rostro se vuelve tan viejo.
Que ahora ven siempre al pasado
en el presente se sienten en casa de extraños,
se mueven sin reconocer amparo
y el río se convierte en llanto.
Las piernas que nadaron y corrieron
se mantienen quietas y todos
los pasos que avanzaron desean
ir retrocediendo y ser niños de nuevo.
Que extenuadas flaquean ante
la puerta del forastero,
lloran por los caminos que conocieron
y ya no pisaran, de los que quedarán sin labrar.
Ya no queda más que un cuerpo
que me miró y me dijo amor.
Ya no queda sino el recuerdo porque
tan rápido como se mueve el viento
se pasa de vida a cenizas.